No entiendo nada. Lo único que puedo llegar a rescatar de todo esto es el hecho de comprobar que realmente pienso como actúo y hablo como pienso.
Y reacciono como se supone que voy a reaccionar aunque lo que en verdad tenga ganas de hacer sea matar a alguien, prender fuego todo, gritar neuróticamente o algo así.
Porque no es culpa de los demás que yo sea como soy. No sé hasta qué punto está bueno eso.
Qué-se-yo.
26 de febrero de 2011
24 de febrero de 2011
22 de febrero de 2011
Solamente tengo una línea para todo lo que tengo para decir.
Siempre tengo que hablar en líneas. Expresarme en marcas. Atraparme en símbolos.
Encasillarme en una fracción codificada del cosmos
Y convertir tu nombre en una onda viajando en el aire
Tan vacía, tan simple como lo que quisiera decirte en verdad.
Te alcanza y yo no. Soy menos que eso. Pero aparezco en tu retina.
Me transformo en una línea, para el espacio y la distancia.
Una para vos que no estás.
Una para vos, que aparecés y desaparecés como el sol siempre presente.
Una para el pasado.
Una línea que describe todo lo que soy.
Y lo que fui.
Siempre tengo que hablar en líneas. Expresarme en marcas. Atraparme en símbolos.
Encasillarme en una fracción codificada del cosmos
Y convertir tu nombre en una onda viajando en el aire
Tan vacía, tan simple como lo que quisiera decirte en verdad.
Te alcanza y yo no. Soy menos que eso. Pero aparezco en tu retina.
Me transformo en una línea, para el espacio y la distancia.
Una para vos que no estás.
Una para vos, que aparecés y desaparecés como el sol siempre presente.
Una para el pasado.
Una línea que describe todo lo que soy.
Y lo que fui.
20 de febrero de 2011
Cumplís otro año más y la verdad es que ya no me pone tan contenta como antes. Me hace pensar que nada, ni nadie en este caso es eterno y no, no me gusta. Me acuerdo cuando te conocí, me acuerdo de nuestro primer viaje juntas. Me acuerdo del momento en el que llegamos a casa y entraste sabiendo que ese era tu lugar. Crecí con vos y vos conmigo. Y siempre, siempre estuviste ahí. Siempre me acompañaste, sé que siempre me entendiste y siempre me sacaste una sonrisa en mis peores momentos, ésos en los que no había nadie más que vos. Aprendimos a hablar el mismo idioma. A entendernos. A necesitarnos. A saber qué le pasaba a la otra solamente con una mirada.
Ya sé que obviamente no vas a leer esto jamás, no creo que sepas siquiera qué es una computadora. Pero gracias. Gracias por aparecer en mi vida y dejarme ser parte de la tuya. Gracias por acompañarme todo este tiempo, gracias por hacer que no me sienta tan sola, gracias por ser mi amiga, mi hermana, mi compañera. Gracias por todo. Gracias por estos diez años que cumplís hoy, y gracias por los muchos años que nos quedan por recorrer.
Feliz cumpleaños! Te quiero con el alma, Pampa.
16 de febrero de 2011
Estos momentos familiares tan cándidos me hacen entender por qué estoy tan asquerosamente hastiada de estar en mi casa y por qué automáticamente me cae el humor en picada así como cierro la puerta. Necesitás hablar como el orto? Necesitás cagarte en mi evidente cara de dolor de ovarios y seguir jodiéndome con boludeces? Sobre todo luego de mandarme como una mula de carga a hacer cosas por ustedes que jamás hacen por mí y que por más estúpidas que sean, se notan cuando lo único que encontrás como respuesta son reclamos.
Va a llegar el día en que me vaya a la mierda a hacer mi vida y quizás, sólo quizás te acuerdes que la buena onda no te la cobraban con los impuestos y que tus (muchos) errores, algunos de ellos bien grosos, jamás te los tiré en la cara para hacerte sentir como la mierda sólo porque andaba con un ataquecito de histeria sin sentido y sin pensar en lo que te pasaba, como hacés vos, sin pensar jamás que toda mi vida me banqué las consecuencias de todo lo que hiciste mal a pesar de no haber participado en las elecciones que vos sola hiciste, como quisiste, cuando quisiste. Gracias! Cada vez me siento mejor conmigo misma y peor con vos, cada vez soy más consciente de lo lejos que estamos, cada vez tengo menos ganas de volver.
15 de febrero de 2011
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora vengo un poco de ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.
- Asunción de ti (1) - Mario Benedetti.
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